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De la antigüedad de esta Villa se tienen noticias de que ya existía
en la dominación Romana. Su fundación se estima en el siglo IX, por
los árabes, si bien y a tenor de los documentos aparecidos es en el
1369 (S. XIV) cuando Enrique II de Trastamara, llamado el de "Las
Mercedes", expide carta de donación de los pueblos de Alcobendas,
Barajas y Cobeña a favor de D. Pedro González de Mendoza, mayordomo
del infante D. Juan, su hijo.
La villa de Cobeña queda así bajo el régimen señorial de la Casa de
los Mendoza, de Guadalajara, en la persona de D. Pedro González de
Mendoza, primer CONDE DE CORUÑA.
El asentamiento de los judíos en la meseta castellana supuso para
Cobeña una época de enriquecimiento, a la vez que de importancia en
relación con pueblos y villas de su alrededor, pues se hablaba, en
su época, del auténtico poder económico y financiero que ejercían
las aljamas que constituían el eje de Torrelaguna-Cobeña-Alcalá.
La aljama (judería) de Cobeña eran tan importantes en estos
aspectos referidos, que para el alfoz de Alcalá (territorio de
varios puebles que forman una jurisdicción) Cobeña era pieza
fundamental. Esta alfoz se extendió por villas y aldeas situadas
entre el Henares, el Jarama, y el Tajuña, y entre ellas fue notable
la riqueza de Cobeña, pues las 70 familias judías que componían la
aljama de esta Villa, estaban dedicadas a ocupaciones de tratantes,
mercaderes, plateros y cereros, personas ricas y acaudaladas que
motivaron el dicho de "Mas vale Cobeña que Alcalá y sus tierras". Se
hizo famosa por las bodas que estas familias judías de Cobeña
celebraban con otras también de Torrelaguna (matrimonios entre
varones de Torrelaguna y doncellas de Cobeña).

En esta Villa nacieron los Colodros, familia que emparentó con los
Cabeza, naciendo en esa línea Santa María de la Cabeza,
discutiéndose Torrelaguna y Cobeña el nacimiento de la Santa. Según
el historiador de la época que lo atestigua, Santa María de la
Cabeza nació en una Casa Solariega que existía en un lugar llamado
Los Vallejuelos. También está constatado que a una legua de Cobeña
estaba la Ermita de Belvis, que San Isidro visitaba mientras se
refugió en Torrelaguna cuando Alí, hijo de Yuste, sitió Madrid.
Asimismo, se tienen noticias de que existió un castillo propiedad de
D. Álvaro de Luna, Condestable bajo el reinado de Juan II de
Castilla, y a la muerte de D. Álvaro, durante el reinado del propio
Juan II, el castillo fue derribado. Sus sillares, se cree, fueron
empleados por Gaspar de la Peña, discípulo de Juan de Herrera, para
edificar la Iglesia hoy existente.
En 1579 (siglo XVI) esta villa contaba con dos alcaldes ordinarios,
213 casa con 223 vecinos, que la Chancillería de Valladolid era la
competente para resolver litigios y pleitos, que pertenecía al
Arzobispado de Toledo, que no tenía Iglesia Catedral ni colegial, y
que no hay más que una Iglesia parroquial bajo la advocación de San
Cipriano, que contaba con un hospital de 7 camas para pobres,
fundado por Sancho López y su mujer María Alfonso, naturales de esta
Villa, donde se curan enfermos no contagiosos, por expreso deseo de
sus fundadores.

Noticias más modernas que datan de 1847 (siglo XIX) nos hablan de
esta Villa diciendo que se encuentra a cuatro leguas de Madrid, que
su clima por lo general es sano, que tiene 70 casas, incluida la del
Ayuntamiento, distribuidas en 17 calles de mal piso por lo común,
hay una plaza (la de la Constitución) que tiene una cárcel de poca
extensión, escuela de instrucción primaria, común a ambos sexos a la
que concurren 60 alumnos que se hallan bajo la dirección de un
maestro dotado con un sueldo de 3.000 reales, que en las afueras se
encuentra el cementerio, que en nada perjudica a la salud pública, y
una fuente de buen agua que utilizan los vecinos para su uso, que el
correo se recibe por valijero, dos días a la semana, que mantiene
ganado lanar, vacuno y de cerda y que cría caza de perdices, liebres
y alguna codorniz.
Y así podíamos seguir haciendo historia de esta Villa hasta nuestros
días.
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